La culpabilidad de Helena de Troya


Considerada por muchos la culpable de la guerra de Troya, sólo unas pocas voces proclaman la inocencia de Helena.

Helena la hija de Zeus, la más bella, deseada por todos, pero también fría, perversa, manipuladora, adúltera, la causante de tantas muertes de griegos en la guerra de Troya. Veredicto: culpable.
Durante mucho tiempo esta fue la visión que se dio de Helena en la literatura. La de la mujer que engañó a su marido, se escapó con otro hombre y provocó el inicio de una gran guerra. Hasta que Platón en su diálogo Gorgias proporcionó una nueva perspectiva poniendo de manifiesto la injusticia cometida con esta mujer en su Encomio de Helena.
Helena de Esparta
Helena era hija de Leda y del propio Zeus. Su padre mortal, Tindáreo, reinaba en Esparta muy preocupado por el futuro matrimonial de su hija, consciente de su belleza excepcional y de que todos los príncipes la deseaban. Un buen día convocó en su palacio a todos los príncipes aqueos para elegir al futuro marido de Helena, pero antes de tomar alguna decisión hizo jurar a todos los pretendientes que protegerían al elegido si alguien amenazaba a su reino o a su esposa.

El afortunado marido resultó ser Menelao, de la familia de los Atridas y hermano de Agamenón, pero sin ningún rastro del carisma familiar. El temperamento pasional de Helena se vio frenado con el casamiento con este personaje aburrido y gris. Pero no tardaría mucho tiempo en alejarse de él.


Helena de Troya
Mientras tanto, en Troya, tres diosas se disputaban su belleza eligiendo como juez a un príncipe troyano. El juicio de Paris se resolvió con la victoria de Afrodita y la promesa de ésta de entregarle a la mujer más bella, que no era otra que Helena.
Poco después Paris apareció en el palacio de Menelao y, terminada la visita, Helena desapareció de Esparta y se instaló en Troya como esposa de Paris. La versión oficial de Menelao fue que Paris había raptado a Helena y había que rescatarla. Todos los príncipes aqueos tuvieron que secundar esta versión y marchar contra Troya, aunque ni un solo griego dudó de que Helena se hubiera marchado del lado de Menelao de buen grado.
La guerra de Troya fue demasiado larga y tanto los griegos como los troyanos responsabilizaron a Helena de los muertos y de todas las desgracias de la guerra. Historiadores y sobre todo, trágicos, vapulearon a Helena y la convirtieron, junto a Pandora, en paradigma del mal encarnado en mujer.

El encomio de Helena

Probablemente fue Platón en su diálogo Gorgias el primero que se atrevió a defender a Helena basándose en un razonamiento lógico con el que pretendía liberarla de una injusta acusación. Según él Helena pudo irse a Troya por varias razones y todas ellas la exculpaban:
  • Si se marchó por mandato divino, porque Afrodita así lo dispuso cuando hizo la promesa a Paris, no se podía culpar a Helena puesto que es imposible impedir la voluntad de un dios.
  • Si se marchó porque fue convencida por Paris, tampoco se la podía culpabilizar porque la fuerza de la persuasión es tan poderosa como el destino. Así que el culpable sería el que la persuadió.
  • Si se marchó porque fue raptada parecía obvio no responsabilizarla a ella, sino al captor.
  • Y si se marchó por amor, teniendo en cuenta que el amor es una fuerza divina, tampoco podía resistirse ella a dicha fuerza.
En definitiva, se trataba de un discurso que intentó resarcir a Helena de la larga lista de injurias que empañaron su imagen durante generaciones. Si lo consiguió o no, depende del juicio que emita el lector moderno. Parece que ya nadie se atreve a atribuir la causa de la guerra a Helena, pero sobre ella siempre planea la sombra de la seductora caprichosa que antepone su deseo a todo lo demás.

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