Casandra, profetisa de Troya



La figura de una mujer que consiguió hacerse oír en un mundo de hombres.

Casandra, la hija del rey Príamo, princesa de Troya y profetisa de Apolo ha sido un personaje ampliamente estudiado por la gran cantidad de matices que presenta y se ha recurrido a ella como emblema de múltiples y variadas causas. Hoy en día sigue siendo protagonista para muchos autores que la presentan bajo los más diferentes enfoques, contradictorios en muchas ocasiones, pero todos ellos convincentes.

El don de la profecía

Apolo otorgó el don de la profecía a Casandra. Ocurrió que el dios se encaprichó de la princesa troyana y le ofreció la condición de profetisa a cambio de sus favores sexuales. Pero una vez que Casandra consiguió su don, ésta se negó a cumplir con su parte del trato, por lo que el vengativo Apolo escupió en la boca de la princesa troyana. Con este acto el dios no le retiró la capacidad de predecir el futuro, sino la persuasión, de modo que aunque Casandra vaticinase los acontecimientos de forma correcta, nadie la creería. Este fue el castigo de Casandra, la incomprensión y la soledad en el descubrimiento de una verdad en la que sólo ella creía.

La mujer en silencio

En la antigua Grecia se consideraban la discreción y el silencio como las virtudes fundamentales de una mujer, cuyas funciones no debían ir más allá del ámbito doméstico.

Casandra, contraria a este sometimiento, se atrevió a hablar ante todos, se hizo escuchar en público alertando de lo que estaba por venir, es decir, de todas las tragedias derivadas de la guerra de Troya. Fue escuchada, pero no convenció. No convenció porque nadie la creyó. Unos dicen que fue por el castigo de Apolo, otros más dicen que aquella sociedad de hombres guerreros y mujeres silenciosas no estaba preparada para tomar en consideración las advertencias de una princesa que debía permanecer en palacio.

La guerra de Casandra

Casandra predijo la guerra de Troya en el momento en que Paris llegó a palacio. Más tarde, cuando Paris raptó a Helena, Casandra advirtió al rey de todas las desgracias que traía consigo la reina de Esparta, de la sangre que estaba por derramarse y de la destrucción de la ciudad. Tanto el rey como el consejo de la ciudad ignoraron sus vaticinios creyéndola demente.

Y es que Casandra profetizaba en los momentos en que el dios la poseía trasladándola sus visiones. El espectáculo debía ser sobrecogedor, con la joven presa de un violento éxtasis, tirada en el suelo, convulsionando y soltando espuma por la boca. En esta situación, la razón de lo verdadero perdía su fuerza frente a la demencia del episodio.

El final de Casandra

Las consecuencias de la guerra para Casandra fueron como para tantas otras mujeres troyanas: violación, esclavitud y finalmente muerte. Pero todo eso lo sabía de antemano la profetisa que encaró su futuro con el valor propio de un héroe.

Durante el saqueo de la ciudad, Casandra se protegió en el templo de Atenea, pero el héroe griego Ayax, cuya soberbia podía sobrepasar la del mismo Ulises, ignoró las normas sagradas del templo y la violó mientras ella se aferraba a la imagen de la diosa. Sin embargo, ésta no fue su mayor tragedia. Agamenón, el jefe del ejército griego, la escogió como esclava y por supuesto como amante. Tener que compartir el lecho con el hombre que había arrasado su ciudad y asesinado a su familia era algo que Casandra sólo podía soportar conociendo el final que le esperaba al griego a su regreso a Micenas. Final que por otra parte, ella misma compartiría, pues ambos fueron asesinados por Clitemnestra.

Casandra ha sido estudiada desde distintas perspectivas. Quizás la más curiosa proviene del ámbito de la psicología donde se utiliza su nombre para definir el problema de las personas que no se sienten escuchadas por falta de autoestima, el llamado síndrome de Casandra. Pero sin duda el aspecto más relevante de este personaje es el haber dado voz a la mujer de la Grecia arcaica.

1 comentario:

  1. La figura de una mujer que consiguió hacerse oír en un mundo de hombres.

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