Clitemnestra, la reina de Micenas


El asesinato de Agamenón enturbió para siempre la figura de la última representante del matriarcado.

Se ha hablado mucho de la existencia de un matriarcado en la Grecia pre-helénica, sin embargo, a falta de datos que lo confirmen, nos movemos en el terreno de la especulación. Parece ser que en el tercer milenio, en el Egeo, la religión se basaba en el culto a la Madre Tierra, a la Diosa, y que cualquier acto se regía por las leyes de la naturaleza: vida, muerte y regeneración.

Enmarcado esto en un sistema matriarcal aparecen reinas gobernando de por vida y junto a ellas sus consortes, que son sacrificados y sustituidos siguiendo ciclos naturales establecidos por la Madre Tierra.

Pero en un momento dado, tal vez por la llegada de otros pueblos, este sistema se viene abajo. Los reyes consortes se niegan a ser sacrificados y usurpan el poder de las mujeres. Con ellos llegan unos nuevos dioses, los olímpicos, que reflejan el nuevo sistema patriarcal y simbolizan la victoria del cielo sobre la tierra.

La reina de Micenas

Clitemnestra gobierna en Micenas por derecho propio cuando aparece Agamenón en escena asesinando a su marido Tántalo y a su hijo, al que estrella contra el suelo ante la mirada impotente de la reina. Después de esto, Agamenón se casa con ella en contra de su voluntad y se instala en el trono arrebatándole el poder.

El mito nos devela rastros de ese antiguo matriarcado en la figura de Clitemnestra y la sucesión de sus parejas, primero Tántalo, después Agamenón y más tarde aún vendrá Egisto. Por su parte Agamenón simboliza la violencia de una nueva forma de vida donde todo gira en torno a la guerra y al sometimiento.

El sacrifico de Ifigenia

Agamenón, más interesado en adquirir fama a través de la guerra que en gobernar un único reino, parte como jefe del ejército griego a la guerra de Troya. Para recuperar el favor de los dioses, se le exige que sacrifique en el altar de Artemis a la hija que tiene con Clitemnestra, Ifigenia. Lo hizo sin dudar.

Es ya la segunda vez que Agamenón asesina a un hijo de Clitemnestra. Los sentimientos de la reina hacia su marido son una mezcla de odio y deseo de venganza, por arrebatarle el poder y por quitarle a dos de sus hijos en nombre de unos dioses que han irrumpido en su mundo arrasando a la Madre Tierra.

La venganza de Clitemnestra

Mientras Agamenón está en Troya, Clitemnestra recupera su poder y trata de restablecer el orden social. Toma un nuevo consorte, Egisto, y se toma su tiempo para planear la venganza. Así es como en su regreso, a Agamenón le espera un reconfortante baño que acaba cuando Clitemnestra, con la doble hacha cretense en mano como si de un sacrifico se tratase, asesina a su odiado marido.  

Pero el nuevo orden se ha impuesto ya y serán los dioses celestes quienes se ocupen de borrar todo rastro matriarcal convirtiendo a Clitemnestra en la mujer más terrible y cruel.

El final de Clitemnestra

Es precisamente uno de esos nuevos dioses, Apolo, quien insta a Orestes, hijo de Agamenón y Clitemnestra, a cometer el matricidio para restablecer el honor de su padre. Efectivamente, Orestes asesina a su propia madre y al amante de ésta. Después se somete a juicio por el asesinato, pero las voces de condena son tan débiles que los propios dioses le conceden el perdón. La justificación de este matricidio por parte de los dioses olímpicos relega al olvido el antiguo poder de la madre y reina, y presenta el sistema patriarcal como el único correcto. 

Y la implantación del nuevo orden social fue tan firme que ningún autor se atrevió jamás a reivindicar la figura de Clitemnestra. 

Si bien no existen datos que confirmen la existencia de un matriarcado pre-helénico, siempre podemos rastrear el mito, como en este caso el de Clitemnestra, a la búsqueda de indicios que revelen una parte del pasado oculto y ocultado.

5 comentarios:

  1. Tremendo, sencillamente tremendo cómo el destino de Clitemnestra ya estaba marcado por la tragedia y más tremendo aún el no haber podido reivinidicarse, pasar de víctima a victimario y de ahí, nuevamente a víctima... Excelente post.

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  2. Gracias, Mayra. En la mitología, como en todo, se han intentado silenciar tantas cosas. La terrible Clitemnestra...nunca me lo creí.

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  3. Lo mas común en los mamíferos es un patriarca y los humanos no estamos exentos, pero caso muy poco conocido por los cristianos en el mito del génesis, es el de la primera esposa de Adan, Lilith, a quienes los judíos la convirtieron en demonio del desierto como si de un djinn se tratara y hasta hoy día en este mito judeo-cristiano persiste la relevancia del dios padre por sobre la diosa madre

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  4. Dices aquí que se le exige a Agamenón sacrificar a su hija y que él "Lo hizo sin dudar."

    Pero en otro artículo, El sacrificio de Ifigenia, escribes: "Algunos dicen que a Agamenón le costó mucho acceder al deseo de Artemis, y que en un principio se negó a sacrificar a su propia hija."

    ¿Por qué tus fuentes parecen contradecirse de esa manera?

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  5. En este artículo cuento lo ocurrido desde el punto de vista de Clitemnestra y a ella le pareció que su marido lo hizo sin dudar. Licencias literarias, llámalo. El otro artículo que mencionas está escrito desde otra perspectiva.

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