La ira de Apolo



Todos los dioses griegos eran fácilmente irritables, pero Apolo era especialmente cruel y vengativo.

Apolo, hijo de Zeus y de Leto, y hermano gemelo de Artemis, tuvo un nacimiento complicado a causa de los celos de Hera, que retenía en el Olimpo a Ilitía, la diosa de los partos, impidiendo que ayudara a Leto a dar a luz. Tras nueve días de doloroso parto y, convencida por las demás diosas, Hera finalmente permitió a Ilitía ayudar a Leto y pudieron así nacer Apolo y Artemis. Pudo ser por este traumático nacimiento que el carácter de Apolo fuera tan iracundo y colérico.

Su actividad como dios del Olimpo se desarrolló en diferentes campos, la música, la poesía, la belleza, la medicina, el pastoreo, el tiro con arco y la adivinación.

El oráculo de Delfos

Su nombramiento como dios oracular encargado de las profecías ocurrió por medio de un acto violento con consecuencias para el sistema de creencias hasta entonces vigente. El oráculo de Delfos pertenecía a la Madre Tierra y se encargaba de protegerlo la serpiente Pitón. Apolo irrumpió en Delfos matando a la serpiente Pitón y usurpó el lugar de la Diosa como divinidad tutelar del oráculo, lo que significó no sólo esta acción en concreto, sino que el mundo de la religiosidad relegara a las diosas a un segundo plano y alzara a los dioses masculinos a los puestos de poder.

Casandra

Casandra, la hija del rey de Troya, fue una de las mujeres que sufrió la ira vengativa de Apolo. El dios estaba enamorado de la princesa troyana y para conseguir sus favores se ofreció a otorgarle el don de la profecía. Apolo cumplió con su parte, pero Casandra, llegado el momento, le rechazó. El irritado dios escupió en la boca de la troyana y con ello consiguió no retirarle el don de la profecía, sino el de la persuasión. Desde ese momento, todas aquellas predicciones que hacía la profetisa troyana eran tomadas por quienes las oían como delirios de una demente.

No es de extrañar la angustia de Casandra al ver cómo todas sus fatídicas predicciones sobre la guerra de Troya se iban cumpliendo y aún así nadie era capaz de creerla.

La metamorfosis de Dafne

Pero Casandra no fue la única que se atrevió a rechazar a Apolo. A pesar de ser el paradigma de la belleza, Apolo también tuvo que sufrir algunas negativas. En una ocasión Apolo, experto flechador, se burló del pequeño Eros cuando estaba practicando con su arco asegurando que nunca llegaría a ser tan certero con las flechas como él. Eros le lanzó una flecha dorada por la que quedó perdidamente enamorado de la ninfa Dafne. El pequeño dios del amor también le lanzó una flecha a Dafne, pero esta vez de plomo, que le infundió a la ninfa un profundo rechazo hacia el dios.

En esta complicada situación, Apolo no quiso renunciar a conseguir a la ninfa, por lo que se dedicó a perseguirla mientras ésta huía atemorizada hacia el bosque. Como Dafne vio que el dios finalmente la alcanzaría, pidió a la Madre Tierra que la ayudara y ésta la convirtió en un laurel. Y Apolo que no se daba fácilmente por vencido, se abrazó al árbol que desde entonces estaría consagrado a su culto y se colocó una corona de laurel que llevaría siempre.

La peste en el campamento aqueo

La guerra de Troya fue el escenario de otro de los episodios donde la ira de Apolo hizo estragos. Homero inició la Ilíada presentando una imagen del campamento aqueo repleto de cadáveres a causa de la peste que el dios Apolo produjo con sus flechas. ¿Por qué habría el dios de enviar la peste a los guerreros griegos? Estaba airado, dijo Homero, o más bien cabreado porque los griegos habían capturado a una joven que resultó ser la hija de uno de sus sacerdotes.

La joven se llamaba Criseida y se encontraba cautiva en la tienda de Agamenón, quien se negaba a devolvérsela al padre porque era su botín de guerra. Como el sacerdote no veía la forma de recuperar a su hija, le pidió ayuda a Apolo y éste envió la peste que hubiera acabado con el ejército griego si Agamenón no hubiera accedido finalmente a devolver a la joven Criseida.

La devolución de la joven desencadenó una disputa entre el ejército aqueo que si bien puso fin a la ira de Apolo, provocó otra diferente: la cólera de Aquiles. Pero esa es otra historia.

1 comentario:

  1. Todos los dioses griegos eran fácilmente irritables, pero Apolo era especialmente cruel y vengativo.

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