La mujer silenciada en la antigua Grecia


Invisible, silenciosa y recluida en el espacio doméstico. Así era la mujer ideal en la antigua Grecia. Pero hubo algunas mujeres que levantaron la voz.

En el ámbito de la mitología griega y en el del mundo clásico en general, hablamos muchas veces de los héroes griegos, hombres fuertes, con carácter, astutos, capaces de realizar las hazañas más grandes. En cambio, la mujer queda reducida a un segundo plano en este mundo de masculinidad, de guerras y héroes. ¿No hay heroínas en la mitología griega?

Lo cierto es que la sociedad patriarcal hizo grandes esfuerzos por silenciar a la  mujer, por tornarla invisible o, si acaso, por convertirla  en un ornamento del hombre. Se trata de una situación que, por desgracia, aún muestra sus repercusiones en la actualidad. Pero si las voces femeninas no se oyeron en la antigüedad, tal vez ahora sea el momento de que se oigan.

Las mujeres que se atrevieron a hablar

A pesar de vivir relegadas a un segundo plano, condenadas al silencio en una sociedad donde sólo tenía voz el hombre, algunas mujeres se atrevieron a alzar la voz, algunas incluso a gritar, aunque más tarde serían castigadas por ello.

Las Amazonas eran esas mujeres guerreras hijas del dios Ares, combativas, valientes y luchadoras y, por encima de todo, autosuficientes. Representan como nadie el poder de la mujer independiente y segura de sí misma y de su potencial. Ellas sólo necesitaban a los hombres para procrear, nada más. Su autonomía les supuso su castigo cuando los contadores de historias se encargaron de elaborar oscuras leyendas en torno a ellas convirtiéndolas en mujeres crueles.

Por su parte, Clitemnestra acató las convenciones sociales en la medida de lo posible. Cuando su marido Agamenón sacrificó a su hija Ifigenia en Áulide, Clitemnestra no pudo decir nada, porque no lo supo hasta que el sacrificio se llevó a cabo. Pero la forma que tuvo la reina de Micenas de castigar a su marido por imponer su criterio y anteponer un asunto militar a la vida de su propia hija, ha generado ríos de tinta. Y es que Agamenón protagonizó el regreso más espectacularmente trágico para deleite de las espectadoras actuales. La figura de Clitemnestra, como era de esperar, fue denostada en todos los textos durante siglos.

El icono de la brujería antigua, la maga, la hechicera Medea, resultó una mujer capaz de tomar sus propias decisiones, casi todas ellas bastante violentas, cabe decir, pero determinadas por el contexto. Medea fue una mujer capaz no sólo de hablar, sino también de actuar. Y ni una sola de las injusticias cometidas contra ella quedó sin castigo, empezando por la traición de su amor Jasón.

A la hechicera más influyente de la historia le dio voz Eurípides en su Tragedia “Medea”, con el que puede ser el primer alegato feminista de la historia, donde Medea reflexiona acerca de lo que significa ser mujer en una época de autoafirmación patriarcal. Su mejor perla queda aquí: “¡Y dicen que son los hombres los que afrontan la guerra, mientras nosotras estamos tranquilas, al abrigo de todo peligro! ¡Irrisión y mentira! ¡Yo preferiría tres veces hacer frente a sus batallas rodela en mano que parir un solo hijo!”

No podemos olvidarnos de la profetisa de Troya, Casandra. Hija del rey Príamo, Casandra fue una de esas mujeres que se atrevieron a hablar, ella a través de sus profecías. El hecho de que nadie creyera en sus visiones y predicciones refleja perfectamente el papel al que quisieron relegar a las mujeres. La mitología nos dice que el dios Apolo otorgó a su sacerdotisa el don de la adivinación y, sin embargo, al mismo tiempo la maldijo con que nadie la creyera. No hay nada como interpretar las fuentes míticas para comprender la sociedad de la época. Y nada como leer la reinterpretación de Christa Wolf sobre la figura de Casandra para entender que ese silencio de las mujeres en la antigua Grecia no era tal.

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  1. Invisible, silenciosa y recluida en el espacio doméstico. Así era la mujer ideal en la antigua Grecia. Pero hubo algunas mujeres que levantaron la voz.

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